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Hace ya algunos años, que el Dr. Juan Manuel Aragoneses, entendió la pesca como una pasión, como una forma de respetar y comprender la naturaleza, que a su vez le permite perderse en parajes exóticos olvidando las prisas y el ruido de Madrid, la capital donde ejerce su profesión de Odontólogo. Hoy, nos recibe en su consulta, donde le entrevistamos, con el objetivo de que relate a SECIB+, parte de sus magníficas experiencias, alrededor de un anzuelo.
¿Cuanto hace que practica la pesca deportiva?
Mis comienzos en la pesca fueron de muy pequeño, a los 10 años, pero de manera más especializada fue a partir de los 15 años en Estepona (Málaga)
¿En que países y lugares la practica?
Fundamentalmente en agua salada, mi preferida es la pesca costera, menos mar adentro y muy poco desde la playa. He practicado la pesca en casi todos los continentes, Ámerica, Europa, Asia y África, (mi destino preferido). Los países en África habituales son Guinea Bissau, Gabon, Angola, Guinea Ecuatorial y Congo y los de la costa del Índico que son los mejores he pescado en Kenia, Tanzania, Mozambique y sobre todo en la costa norte de Madagascar en el golfo de Mozambique. También otros países cono Nicaragua, Costa Rica, Venezuela, Panama, Islas Andaman, Republica Dominicana…
¿Cuáles son las especies que pesca mas habitualmente?
Depende de la modalidad. Con popper los caranguidos con el GT en cabeza. Al jigging la barracuda, el King Fish y los tunidos sobre todo de aleta amarilla. A medio fondo a la deriva los mas apreciados, el atún dientes de perro y el marlin de todos sus modalidades, negro, azul, blanco y rallado con pez vivo y al currican los marlins, el pez vela pero sobre todo el toro del mar que es el pez espada y por la noche, a fondo y gran fondo los grandes meros, esto en África; de América en costa pacifico casi todos los anteriores más el pez papagayo, y en centro América en costa atlántica pero sobre todo en Nicaragua en el río San Juan el majestuoso tarpón
¿Cuál ha sido el pez más grande que ha capturado?
En Europa en el mediterraneo en el estrecho con mi amigo Juan un atún rojo de 220 Kg., en Nicaragua un tarpon de 110 Kg, en Madagascar un tiburón martillo de 180 Kg. y en Kenia un marlin azul de 480 lb. entre otros.
¿Qué situaciones de peligro ha tenido en estos años practicando la pesca deportiva?
Dos veces, una en Senegal en la baja Casamance que es una zona en guerrillas al cruzar un río nos para la guerrilla y me apuntaron con las ametralladoras, creían que estaba haciendo prospección para las fuerzas gubernamentales, me sacaron una buena “mordida” para dejarme ir y gracias al guía la situación no fue a mayores. En Guinea Bissau hace unos años entraron en guerra, no aterrizaban los aviones y estuve varios días en el aeropuerto con todos los extranjeros hasta que nos evacuaron, matándose a tiros alrededor del aeropuerto entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes para tomar el aeropuerto. Persecuciones por los elefantes que lo que tienes que hacer es correr hacia el mar y meterte en el, y lo contrario con los hipopótamos, sensaciones de inseguridad en los aeropuertos sobre todo en Uganda a montones con retirada del pasaporte durante a lo mejor 12-20 horas sin saber nada, metido en un cuarto sin comida ni bebida
¿Por qué le gusta pescar y que ventajas tiene?
Me hace olvidar la tensión a la que vivimos, vuelvo a la naturaleza, no vale nada lo que se supone que he logrado en la vida actual, posición, trabajo, coches, casas, reconocimiento…, y además realizas una actividad muy técnica.
¿Afición familiar o adquirida?
Ni una ni la otra, mi familia no pesca, y yo quería pescar desde muy pequeño alentado sobre todo por un gran amigo de la familia
¿Se trata de una afición muy costosa?
Extremadamente costosa sobre todo en África, en la que nuestras necesidades básicas se pagan a precio de oro, como por ejemplo el agua embotellada, que la tengo que comprar y desplazar botellas de a 5 euros cada una.
¿Es compatible con la profesión?
Yo al menos le saco tiempo de 3 a 4 veces al año, para relajarme y disfrutar de mi tiempo con esta pasión, dejo olvidada la profesión y me encuentro que lo conseguido hasta ese momento no vale nada y que la vida occidental en crearte tu mismo un cúmulo de necesidades no tan vitales como pensamos, y que allí todo lo que tu sabes no es aplicable, solo la supervivencia del día a día
¿Cuál es su relación con la SECIB?
Soy socio de ella, reconozco que aun me debo de implicar más, debido y creo que las reuniones profesionales nos hacen que mejorar con el intercambio de opiniones sobre todo con los profesionales nacionales cuyas experiencias están muy cerca de las mías, y es una sociedad que permite cultivar las amistades y establecer relaciones profesionales de mucho interés personal.
Hace ya algunos años que tengo la suerte de conocer a Edmundo Castro Sabugueiro, el dentista de Sigueiro en la Provincia de La Coruña, socio de la SECIB desde hace años, amante de la naturaleza y de todos los deportes de aventura. Pero sobre todo, Edmundo es pescador, pescador de caña y truchas, de mañanas húmedas y pies mojados, que comparte solo o en compañía, siempre al pie de un río, donde le esperan sus amigas las truchas, las esquivas truchas que lo entretienen, como protegiendo al gran campanu. Porque Edmundo comienza la temporada, buscando el primer salmón, aunque nunca lo cuenta, por miedo a que el salmón se entere, y deje de buscar el brillo del sedal de alguna de sus cañas.
Edmundo es terco y concienzudo, por lo que me insistió hasta la saciedad, para que lo acompañase en dos días de río y allí en medio del Caurel, con la única compañía de nuestros pasos, nos dispusimos a disfrutar de la aventura, que ahora yo me propongo a narrar, siempre que cuente con su permiso y su atención.
Los días en el río son más cortos, más húmedos y más solitarios que en ningún otro sitio; por eso cuando llegamos al Caurel, más cerca de la noche que de la tarde, nos dispusimos a tomar posesión de una suculenta mesa en Casa Aira en la que pudimos disfrutar de los recios embutidos de la zona, el cordero empapado en tomillo y algunos postres caseros, para enfrentar entre quebrantos, los revolcones del sueño.
En el Caurel no amanece, sino que aparece el sol de pronto, como imponiendo su ley a la noche, y advirtiendo a Edmundo y a todos nosotros que el río y sus truchas, nunca esperan al tiempo. Tras desperezar, dimos cuenta de un suculento desayuno con chorizo y panceta, que se hizo hueco poco a poco entre la comida del día anterior. Calzamos a continuación nuestras mejores galas de goma y con optimismo y orientación nos dispusimos a alcanzar el río.
Edmundo se separó de mi, y me indico unas instrucciones básicas, para no fenecer en la tarea y yo creo, que para evitar, que le molestase el resto de la mañana. Sin previo aviso, como rompiendo la monotonía del silencio, pude divisar a lo lejos a Edmundo, luchando bravamente con una trucha pintana, de buen peso y mejor cara, que se batía en duelo orgullosa, retando al pescador y a su paciencia. En estas aguas bravas, la lucha es despiadada, sin cuartel, cuerpo a escama, pero Edmundo, ganó la partida, estrechando el cerco, hundiendo el badeador y templando el acero de los anzuelos. La mañana era propicia, y en menos de cuatro horas cambiando la pluma y los lances, pudo convencer Edmundo a más de seis truchas que divisaron el zurrón como última morada.
Tras el bocadillo y la bota de buen vino, la siesta necesaria y reparadora, amenizada con el ruido de los abedules y el cantar impenitente de algún pájaro traicionero. Al fondo, algunas nutrias nos saludaron, despertando así nuestro sopor y señalando la orilla del río como nuevo destino de nuestros pasos. Los días de pesca, las tardes no son una buena continuación de las mañanas, y por ello a Edmundo las truchas lo ignoraron a partir de las ocho de la tarde. Era hora de recoger, de dirigirse a la casa que Edmundo tiene en el Caurel y que supone su refugio, su espacio y su tiempo, lejos del ruido y del titanio. Cuando regresábamos, Edmundo me contó que cuando aparece el murciélago, la trucha deja de comer. Y sería por esta u otras razones por las que cuatro o cinco de ellos, nos acompañaron hasta el quicio de la puerta , dando fin a si, a una memorable jornada de pesca.
No se cuantas truchas al final se pescaron, no se sino me acuerdo o no quiero recordarlo, porque los pescadores mienten con la pesca, cuentan lo que no han pescado y se imaginan que al día siguiente, pescarán lo que nunca podrían haber pescado. Se trata de buena gente, que respetan las truchas, para que nunca cuenten, lo que de verdad ha pasado.
Próximo capítulo : Edmundo tras el primer salmón